Grecia mantiene brecha de productividad que presiona salarios y capacidad de inversión
La economía griega sigue arrastrando una baja productividad laboral, un factor que condiciona los salarios, las cotizaciones y la sostenibilidad del Estado del bienestar. La distancia con la media europea coincide con un entorno de inflación elevada, alta carga fiscal y un déficit persistente de inversiones productivas.
Κορυφαία σημεία
- En 2024 la productividad por trabajador en Grecia equivale al 54% de la media europea y al 43% por hora trabajada, restringiendo sueldos y capacidad de inversión.
- Las inversiones extranjeras directas en Grecia crecerán 69% hasta 12.800 millones de euros en 2025 desde 7.600 millones en 2024, pero el capital invertido sigue siendo solo un tercio de la media europea.
- Grecia se mantiene por tercer año consecutivo como líder mundial en el índice internacional de complejidad empresarial GBCI, con regulaciones onerosas y fuerte dependencia del turismo de baja productividad.
Productividad, inversión y tamaño empresarial
Como señala Naftemporiki, el presidente de SEV, Spyros Theodoropoulos, afirma recientemente que sin productividad no habrá Estado del bienestar, al vincular directamente este indicador con los sueldos y las aportaciones de empresas y trabajadores que sostienen el sistema social.En 2024, la productividad por trabajador en Grecia equivale al 54% de la media europea, porcentaje que baja al 43% si se mide por hora trabajada. Esa diferencia ayuda a explicar el bajo nivel de remuneración en gran parte de la economía, en un contexto que además se ve presionado por la inflación y la elevada tributación.
El texto subraya que la productividad no debe confundirse con más horas de trabajo, sino que depende de la especialización de la plantilla y de las inversiones realizadas por las empresas. En esa línea, las inversiones extranjeras directas, según la OCDE, alcanzan 12.800 millones de euros en 2025, frente a 7.600 millones en 2024, lo que supone un aumento del 69%.
Aun así, el país mantiene un amplio déficit de inversión productiva. Theodoropoulos sostiene que Grecia dispone de un capital invertido equivalente a aproximadamente un tercio de la media europea, una brecha que dificulta la convergencia con el resto del continente.
El análisis también identifica la estructura empresarial como un obstáculo, por el pequeño tamaño medio de las compañías, el acceso limitado a capital y la debilidad para invertir en tecnología. En Grecia operan actualmente solo 657 empresas con más de 250 empleados, una cifra considerada muy baja para una economía que busca elevar su productividad.
Costes regulatorios y sesgo sectorial
El artículo plantea que para estimular nuevas inversiones se necesita un entorno empresarial más favorable, con menos burocracia, trabajadores capaces de cubrir la demanda de personal y empresarios dispuestos a asumir riesgos en busca de rentabilidad. También sostiene que la penalización política y social del beneficio desincentiva decisiones de inversión.En paralelo, atribuye parte de la responsabilidad a la acción pública y a la persistencia de una lógica de corto plazo que frena la creación de instituciones más estables. Esa dinámica, añade, coincide con un entorno administrativo complejo que alimenta la corrupción y aumenta los costes operativos para las empresas.
Grecia permanece por tercer año consecutivo como líder mundial en el índice internacional de complejidad empresarial, GBCI, según el texto, que cita entre los factores de carga regulatoria sistemas como MyDATA, la conexión entre POS y cajas registradoras, la tarjeta electrónica de trabajo y las presiones fiscales.
El comentario también cuestiona la concentración de la economía en el turismo, al señalar que su productividad por trabajador es inferior a la mitad de la observada en otros sectores. A su juicio, esa especialización absorbe recursos que podrían dirigirse a actividades más productivas y refuerza la necesidad de una coordinación económica más eficaz.
En un artículo anterior de Traders Union sobre la inversión digital en Grecia hasta 2035, analizamos cómo un mayor esfuerzo en capital tecnológico —con el software como palanca clave— podría aportar entre 12.000 y 23.000 millones de euros a la economía y reducir la brecha de productividad con la UE. También destacamos que, aunque la infraestructura tecnológica se acerca a los niveles europeos, el principal rezago está en la adopción de software y servicios informáticos, en un mercado TIC que crece pero afronta una presión competitiva creciente.
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