Grecia detecta desajustes de competencias en el empleo privado, con 42,6% fuera de su área de estudios
El mercado laboral griego muestra una brecha persistente entre formación, competencias y contenido real del trabajo, según la primera parte de una amplia encuesta nacional sobre empleados del sector privado. El estudio también apunta a que la mejora de capacidades no depende solo de la educación o la formación, sino de cómo se organiza el trabajo, de la inversión empresarial en capital humano y de la calidad del empleo.
Κορυφαία σημεία
- El 42,6% de los trabajadores del sector privado en Grecia declara que su empleo actual guarda poca o ninguna relación con su campo de estudios.
- La formación continua presenta baja penetración: el 74,5% de los encuestados no participó en ningún programa de capacitación o perfeccionamiento en el último año.
- La participación en programas de formación varía según ingresos y tamaño empresarial, alcanzando solo el 19,8% para salarios bajos y el 69,8% en grandes empresas.
Resultados de la encuesta y alcance del estudio
Según anunció el INE/GSEE a Naftemporiki, la mayor encuesta realizada hasta ahora a escala nacional sobre trabajadores del sector privado en Grecia recoge una imagen compleja sobre la relación entre estudios, cualificaciones, competencias y empleo. La investigación se basa en una muestra de 6.000 trabajadores de todo el país, mediante entrevistas telefónicas y muestreo aleatorio estratificado, con datos recopilados entre el 3 de noviembre y el 9 de diciembre de 2025 por Alco, Metron Analysis y Prorata.Los resultados muestran que el 42,6% de los trabajadores declara que su campo de estudios o sus cualificaciones guarda poca o ninguna relación con su empleo actual, mientras que el 44,2% afirma que esa relación es grande o muy grande. El estudio indica así que el vínculo entre formación y trabajo sigue siendo débil para una parte muy relevante de la fuerza laboral, aunque funciona de forma positiva para un porcentaje casi equivalente.
La correspondencia entre estudios y empleo influye de forma clara en la capacidad de respuesta a las tareas laborales. Entre quienes dicen responder en muy alto grado a sus funciones, el 55,4% señala que sus estudios o cualificaciones están muy o muchísimo relacionados con su trabajo, mientras que entre quienes reportan una baja capacidad de respuesta, el 90,1% afirma que sus estudios tienen poca o ninguna relación con su puesto.
La desconexión entre formación y empleo es más intensa en las formas de ocupación más precarias. El 72,9% de los trabajadores con empleo por turnos y el 66,2% de quienes tienen trabajo a tiempo parcial aseguran que sus estudios o cualificaciones se relacionan poco o nada con su actividad actual. Además, el 65% considera que posee exactamente el nivel de competencias exigido por su puesto, el 29% cree que tiene competencias superiores a las requeridas y solo el 3,6% dice estar por debajo de lo que exige el trabajo.
En materia de mejora de capacidades, las competencias digitales aparecen como la principal prioridad para el 48,6% de los encuestados. Les siguen las competencias socioemocionales, con el 27,9%, las cognitivas, con el 24,2%, las administrativas y organizativas, con el 21,4%, y las técnicas, con el 20,6%. Pese al debate sobre cambio tecnológico e inteligencia artificial, solo el 24,1% considera bastante o muy probable que parte de sus competencias quede obsoleta en los próximos cinco años.
Implicaciones para empresas y política laboral
La encuesta sostiene que el problema de las competencias no se limita a la escasez de formación, sino que también refleja una utilización insuficiente del capital humano disponible. El 74,6% de los trabajadores afirma que aprovecha plenamente o bastante sus conocimientos y habilidades en su puesto, y el 88,8% dice responder en gran o muy gran medida a las exigencias de su trabajo, lo que refuerza la idea de que la discusión no debe partir de una supuesta insuficiencia generalizada de los empleados.La formación continua, sin embargo, todavía no forma parte estable de la vida laboral. El 74,5% de los encuestados indica que no siguió ningún programa de capacitación o perfeccionamiento durante el último año, frente al 25,5% que sí participó en alguna actividad. El acceso además es desigual, ya que la participación sube al 41,4% entre quienes tienen un posgrado y al 35,1% entre quienes poseen doctorado, pero baja al 10,5% entre graduados de educación secundaria básica y al 12,3% entre quienes solo completaron la educación primaria.
También aparecen diferencias por ingresos y tamaño empresarial. La participación en formación se mantiene en torno al 19,8% entre quienes perciben entre 251 y 500 euros mensuales netos y al 20,4% entre quienes ganan entre 501 y 750 euros, mientras que asciende al 35,2% en el tramo de 1.501 a 2.000 euros. En paralelo, el apoyo empresarial a la formación continua alcanza el 46,2% en las microempresas de 1 a 9 empleados y sube al 69,8% en las grandes compañías de 250 trabajadores o más.
Para el INE/GSEE, estos datos indican que la política de competencias no puede trasladarse únicamente al trabajador como obligación individual de adaptación. El instituto sostiene que se necesita un marco más coherente que conecte la formación continua con las necesidades reales del trabajo, de las empresas y de los sectores, y que refuerce la participación de los empleadores y los mecanismos estables de diálogo social.
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