Seis países de la UE mantienen un desempleo juvenil superior al 20% al cierre de 2025

Seis países de la UE mantienen un desempleo juvenil superior al 20% al cierre de 2025
Juventud UE: paro persistente

El mercado laboral juvenil de la Unión Europea sigue mostrando una brecha estructural frente al empleo general, pese a la mejora acumulada durante la última década. Al cierre de 2025, Rumanía, España, Suecia, Finlandia, Estonia e Italia registraban tasas de paro entre menores de 25 años por encima del 20%, con una media comunitaria del 15,2%.

Destacados

  • Seis países de la UE, entre ellos España, Suecia y Finlandia, cerraron 2025 con tasas de desempleo juvenil superiores al 20%, superando ampliamente el paro general del 6%.
  • La brecha salarial promedio entre jóvenes menores de 30 años y el conjunto de trabajadores de la UE era de casi 700 euros mensuales en 2022, con diferencias significativas por país.
  • Eurofound señala que aunque 21 de 22 países elevarán el salario mínimo entre 2025 y 2026, el 48,9% de los jóvenes europeos que lo perciben sigue viviendo con sus padres, evidenciando persistente precariedad.

Panorama laboral juvenil y evolución por países

Según El Economista, citando datos de Eurostat, el desempleo juvenil en la Unión Europea cerró 2025 muy por encima de la tasa general de paro, que se situaba en el 6% para el conjunto de los 27. Esa diferencia refleja que las dificultades de acceso al primer empleo, y especialmente a puestos de calidad, siguen afectando de forma desproporcionada a los menores de 25 años.

España figura entre los países con mayores tasas, aunque su nivel actual también muestra una mejora respecto a los máximos de comienzos de la pasada década, cuando superó el 50%. Italia presenta una trayectoria similar y terminó 2025 con una tasa del 20,6%, tras una reducción progresiva desde los años más duros de la crisis económica, cuando también rebasó el 40%.

Grecia, con un 19%, queda fuera del grupo por encima del 20%, pero también forma parte de esa tendencia de corrección desde niveles históricamente muy elevados. A medida que España, Italia y Grecia reducen sus cifras, otros países con evolución más estancada pasan a encabezar la clasificación.

En Suecia, la tasa de desempleo juvenil alcanza el 24,3%, por encima del 22,9% de 2012, mientras Finlandia marca el 21,8%, frente al 19,5% de trece años antes. El texto también señala diferencias de contexto entre ambos mercados: en Suecia es más habitual que universitarios busquen trabajo mientras estudian, mientras que en Finlandia el deterioro se vincula más a la situación económica y al desajuste entre las capacidades de los jóvenes y la demanda empresarial.

Presión salarial y respuesta institucional en Europa

La preocupación por el empleo juvenil sigue presente en la agenda comunitaria por su impacto sobre la precariedad, los salarios de entrada y la emancipación. En su intervención de septiembre en el debate del Estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, situó entre sus prioridades las barreras que afrontan los jóvenes para acceder al primer escalón del mercado laboral y se comprometió a presentar antes de fin de año una normativa sobre empleo de calidad.

El debate también incorpora el efecto de la inteligencia artificial sobre los puestos iniciales, especialmente en actividades como la consultoría, donde algunas empresas ya reducen posiciones para perfiles junior. Esa presión se suma a un contexto en el que tener empleo no elimina necesariamente la precariedad por el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo.

Los últimos datos salariales disponibles de Eurostat, correspondientes a 2022, muestran una brecha de casi 700 euros mensuales entre el salario medio de los trabajadores de la UE, de 2.868 euros, y el de los menores de 30 años, que no llegaba a 2.200 euros. En España, la diferencia era inferior a 500 euros, con 2.247 euros frente a 1.750 euros, mientras que en Alemania rondaba los 1.500 euros.

Eurofound constata en su análisis de 2025 que la mayoría de los países han elevado el salario mínimo y que la cuantía bruta del SMI crece en 21 de los 22 Estados que lo fijan por ley entre 2025 y 2026. Aun así, el organismo advierte de que esa herramienta reduce parte de la brecha salarial, pero no resuelve por sí sola la precariedad juvenil ni el problema de acceso a la vivienda, en un contexto en el que el 48,9% de los jóvenes europeos de 15 a 34 años que cobran el SMI sigue viviendo con sus padres.

En nuestra publicación anterior sobre la financiación de impacto para vivienda asequible en España, explicamos el acuerdo por el que COFIDES prevé invertir hasta 20 millones de euros del Fondo de Impacto Social para impulsar 3.000 viviendas de alquiler asequible en suelo público junto a Genivs Insulae. También destacamos cómo este modelo busca movilizar capital privado para ampliar el parque de vivienda social y aliviar la presión del acceso a la vivienda, un factor clave en la precariedad de los hogares.

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