Ibercaja rebaja la previsión de crecimiento de Aragón por el impacto del conflicto de Irán
Aragón mantiene una senda de crecimiento para 2026 y 2027, aunque con un ritmo inferior al previsto inicialmente por el deterioro del entorno geopolítico y energético. La nueva estimación sitúa el avance del PIB regional en el 2,7% en 2026 y en el 2,8% en 2027, todavía por encima de las previsiones para el conjunto de España.
Destacados
- Ibercaja recorta la previsión de crecimiento de Aragón para 2026 en dos décimas por el impacto de la guerra de Irán en energía, logística y agroalimentación.
- La tasa de paro esperada en Aragón para 2026 y 2027 se sitúa en 7,6% y 7,2%, por debajo del 10,1% y 9,7% previstos para España, apoyada por inversión extranjera directa que supera el 10% nacional.
- Las exportaciones aragonesas caen un 6,9% y las importaciones suben un 15,6%, generando un déficit récord de 4.461 millones de euros, especialmente afectado por el sector automóvil.
Revisión de previsiones por energía y geopolítica
Según los últimos datos recogidos en la Revista Economía Aragonesa de Ibercaja, la entidad recorta en dos décimas su previsión de crecimiento para Aragón en 2026, en una revisión vinculada sobre todo a la guerra de Irán y a sus efectos sobre la energía, la logística y la agroalimentación.El ajuste también afecta a España, cuya previsión de crecimiento para 2026 baja al 2,2%, una décima menos, aunque Aragón sigue mostrando un comportamiento más dinámico por el peso de su actividad productiva y la fortaleza de la inversión. Para 2027, Ibercaja espera que la economía aragonesa avance un 2,8%, frente al 1,9% previsto para el conjunto del país.
Durante la presentación del número 87 de la publicación, Enrique Barbero, director de Comunicación, Marca y Relaciones Institucionales de Ibercaja, afirma que la geopolítica se convierte en el principal factor que condiciona la coyuntura económica desde 2021 y 2022, primero con la invasión de Ucrania, después con los aranceles anunciados por Donald Trump en 2025 y ahora con la guerra de Irán. La entidad prevé que esta presión continúe en los próximos trimestres y años.
La crisis energética se perfila como otro elemento clave dentro de un escenario que Ibercaja considera todavía de impacto moderado, siempre que mejore la movilidad en el estrecho de Ormuz. Si las restricciones persisten hasta junio o durante el verano, la entidad avisa de un efecto mayor sobre la inflación, el crecimiento y el empleo.
Resiliencia regional e inversión en curso
Ibercaja estima que la tasa de paro en Aragón se sitúa en el 7,6% en 2026 y en el 7,2% en 2027, niveles inferiores al 10,1% y 9,7% previstos para España. Frente a la previsión de diciembre de 2025, el deterioro del mercado laboral sería limitado, en parte por el aumento de la población activa y por la atracción de talento asociada a nuevas inversiones, según explica Santiago Martínez, jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja.La entidad sostiene además que Aragón cuenta con un plus de resiliencia frente al conjunto nacional por el volumen de inversión ya en ejecución. Barbero destaca que la inversión extranjera directa supera el 10% del total nacional, frente a un peso del 3% del PIB aragonés en la economía española, lo que refuerza la capacidad de la comunidad para sostener el crecimiento incluso en un contexto exterior adverso.
Entre los apoyos para esa resistencia figuran la evolución positiva del consumo, la demanda interna y la inversión durante 2025, así como los proyectos empresariales en tecnología, logística y agroalimentación. En 2025, Aragón fue la tercera comunidad con más inversión extranjera directa, con 3.387 millones de euros concentrados sobre todo en servicios de información, energía e industria.
El frente exterior, sin embargo, sigue mostrando señales de debilidad. Las exportaciones caen un 6,9% y las importaciones suben un 15,6%, lo que lleva a un déficit récord de 4.461 millones de euros, con especial incidencia del automóvil, mientras la agroalimentación y las semifacturas mantienen superávit. Para Ibercaja, estos datos reflejan una economía sólida, pero también la necesidad de reforzar productividad, innovación y transformación estructural ante la desaceleración exportadora, la inflación persistente y las tensiones geopolíticas.
En nuestra publicación previa sobre la interrupción del estrecho de Ormuz explicamos cómo el bloqueo empezó a trasladarse del petróleo a la economía real, encareciendo y limitando insumos clave como el betún para asfalto y el aluminio. Detallamos que estas disrupciones ya estaban elevando costes, retrasando obras y aumentando el riesgo de desabastecimientos en cadenas como la automoción, ampliando el impacto de las tensiones con Irán sobre la actividad en Europa y Asia.
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