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Donald Trump prometió crear una reserva estratégica de Bitcoin en los Estados Unidos. La industria de las criptomonedas creía que esto marcaría una nueva etapa en el desarrollo de los activos digitales. Pero ahora parece que la principal promesa cripto de Trump podría no cumplirse nunca.
Este artículo ha sido traducido del original. Lea la versión original de nuestro corresponsal aquí.
El plan del presidente de EE. UU., Donald Trump, para crear una reserva estratégica de Bitcoin se ha topado con un problema inesperado. Según Bloomberg, la administración estadounidense está debatiendo ahora si el Departamento del Tesoro puede gestionar legalmente dicha reserva.
Inicialmente, se esperaba que la reserva se basara en los bitcoins que el gobierno ya había obtenido a través de diversos decomisos. Pero, en la práctica, todo resultó ser más complicado. Han surgido dudas dentro de la administración no solo sobre la autoridad del Tesoro, sino también sobre la idea misma de mantener bitcoin indefinidamente. Para el gobierno, este es un activo inusual: su precio cambia bruscamente, mientras que las reglas para gestionar tales reservas aún no están claramente definidas.
En este contexto, los funcionarios están discutiendo una opción según la cual la reserva podría ser gestionada no por el Tesoro, sino por el Departamento de Comercio. La Casa Blanca no está abandonando públicamente la idea, pero reconoce que la estructura de dicha tesorería aún se está elaborando.
Crear una reserva de Bitcoin fue una de las promesas más sonoras de Trump a la industria cripto. Durante la campaña electoral, se dirigió regularmente a la comunidad cripto y prometió cambiar la actitud de Washington hacia los activos digitales. Trump no solo habló de flexibilizar las reglas, sino de convertir a EE. UU. en un centro cripto global.
La reserva estratégica de Bitcoin se convirtió en el principal símbolo de esta política. Para los defensores de las criptomonedas, era más que una simple promesa de campaña. Si el gobierno reconoce al bitcoin como un activo de reserva, significa que el bitcoin finalmente supera el estatus de instrumento especulativo y se convierte en parte de la política financiera principal.
La industria cripto creyó en las palabras del político. Empresas, inversores y lobistas apoyaron activamente a Trump, esperando que su victoria abriera un nuevo ciclo político para el mercado. En una campaña tensa, este apoyo se convirtió en un factor importante: la comunidad cripto ayudó a que los activos digitales formaran parte de la agenda electoral más amplia, mientras que el bitcoin se convirtió en uno de los símbolos de la lucha de Trump por la Casa Blanca.
Hubo una gran distancia entre la promesa de campaña y una reserva estatal real. Tras su victoria, Trump firmó una orden para crear una reserva estratégica de Bitcoin, pero el documento no puso en marcha compras gubernamentales de bitcoin a gran escala.
El sentido de la orden era diferente. No se suponía que EE. UU. debía comprar BTC en el mercado, sino reunir en una reserva separada las monedas que ya estaban en poder del gobierno tras decomisos penales y civiles. En otras palabras, Washington debía cambiar efectivamente su enfoque sobre los activos existentes: en lugar de venderlos, como ocurría a menudo antes, los mantendría en una reserva a largo plazo.
Pero aquí es donde apareció la principal debilidad de toda la estructura. Una orden presidencial no es una ley del Congreso. Puede marcar la dirección a las agencias, pero no otorga al proyecto la misma base legal estable que una ley completa. Por lo tanto, una futura administración podría, teóricamente, cancelar o revisar esta política.
Es por eso que la industria cripto no solo esperaba la orden, sino también el siguiente paso. Para que la reserva de Bitcoin se convierta en un programa gubernamental real, debe quedar plasmada en la ley, con reglas claras de gestión, custodia y posible expansión.
Según estimaciones de Arkham, el gobierno de EE. UU. controla más de 328.000 BTC. Esto lo convierte en el mayor poseedor gubernamental de bitcoin del mundo. La mayoría de estos activos no provienen de compras, sino de importantes decomisos vinculados a Silk Road, la recuperación del hackeo de Bitfinex y otras investigaciones.
Pero poseer bitcoin y tener una reserva estratégica completa no son la misma cosa. Una reserva requiere un sistema de gestión claro: quién es responsable de los activos, dónde se almacenan, cómo se realizan las auditorías, si se pueden mover y qué sucede cuando cambia la administración. Hasta que se resuelvan estas cuestiones, el bitcoin seguirá siendo un conjunto de activos decomisados.
Aquí es donde la promesa de Trump choca con la realidad. Para el mercado cripto, la idea misma de una reserva parecía un reconocimiento histórico del bitcoin a nivel estatal. Pero para Washington, es un problema legal, financiero y político que no se puede resolver con una declaración ruidosa.
Así que el riesgo principal ahora no es que EE. UU. no posea bitcoin en absoluto. El riesgo es otro: el país podría no convertir nunca estas tenencias en una reserva estratégica real. En ese caso, una de las promesas cripto más sonadas de Trump no será una nueva era para los activos digitales, sino un ejemplo de lo rápido que un eslogan de campaña pierde fuerza cuando choca con la burocracia.