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Pero guardamos todo 🙂.
Hace treinta años, Nvidia no era más que otra empresa californiana que fabricaba tarjetas gráficas para jugadores. Su fundador, Jensen Huang -hijo de inmigrantes taiwaneses que lavaba platos de adolescente-, sólo quería que los juegos se vieran mejor. Pero los juegos eran sólo el principio.
Este artículo ha sido traducido del original. Lea la versión original de nuestro corresponsal aquí.
A mediados de la década de 2000, Nvidia dio un paso que en aquel momento parecía un experimento técnico: creó la plataforma CUDA, que permite a los procesadores gráficos manejar cálculos científicos y de ingeniería complejos. Lo que empezó como una herramienta para simulaciones y modelado 3D se convirtió poco a poco en el sistema nervioso de la inteligencia artificial.
Hoy, los chips de Nvidia alimentan todos los grandes centros de datos del planeta, desde Google y Amazon hasta OpenAI. Sin ellos, ChatGPT no existiría, los vehículos autónomos no evolucionarían y los modernos modelos biotecnológicos nunca se habrían entrenado. Las GPU de Nvidia se han convertido en algo más que herramientas: son la base de un nuevo mundo tecnológico.
El 29 de octubre de 2025, Nvidia se convirtió oficialmente en la primera compañía de la historia en cruzar la barrera de los 5 billones de dólares de capitalización bursátil, más que el PIB de Japón o Alemania. Los inversores lo llaman "el momento de cristalización de la IA": cuando la infraestructura para entrenar modelos pasó a ser tan importante como los propios modelos. Si OpenAI y Anthropic son los arquitectos del futuro, Nvidia es el hormigón con el que se construye ese futuro.
Huang comentó con calma este hito histórico: "No vendemos chips. Vendemos tiempo". Y es cierto: cada acelerador de Nvidia acorta los ciclos de formación de modelos de meses a días. En un mundo en el que la velocidad del pensamiento equivale al valor de las ideas, el tiempo es la moneda definitiva.
Paradójicamente, el camino de Nvidia hacia la inteligencia artificial se allanó en parte gracias a las criptomonedas. Durante el boom de la minería, sus GPU eran el corazón de todas las granjas de Ethereum, Litecoin y Dogecoin. La demanda era tan frenética que las tarjetas gráficas se quedaban cortas incluso para los observatorios de la NASA. Cuando Ethereum cambió a Proof-of-Stake en 2022, muchos predijeron que la "edad de oro de Nvidia" había terminado.
Pero en su lugar comenzó una nueva era. Los mismos procesadores que antes generaban bloques digitales ahora impulsan los algoritmos criptográficos del futuro. Nvidia presentó cuPQC, una biblioteca que acelera la criptografía poscuántica, una tecnología diseñada para proteger los datos una vez que surjan los ordenadores cuánticos capaces de romper el cifrado actual.
Bajo la dirección de Jensen Huang, Nvidia también se ha asociado con el Departamento de Energía de EE.UU. para construir siete nuevos superordenadores. La empresa está evolucionando rápidamente de fabricante de chips a socio estratégico del Estado. Lo que empezó como un negocio para jugadores es ahora parte de la infraestructura tecnológica y la seguridad nacional de Estados Unidos.
En octubre, Nvidia también anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en la finlandesa Nokia, adquiriendo el 2,9% de la compañía a 6,01 dólares por acción. A primera vista, el movimiento parecía extraño: Nokia perdió su dominio en el mercado de los smartphones hace tiempo. Pero su futuro está en las telecomunicaciones. La compañía desarrolla software para redes 5G y 6G y ahora utilizará chips de Nvidia para acelerar esos sistemas. A cambio, Nvidia obtiene acceso a las tecnologías de centros de datos de Nokia, y potencialmente al mercado europeo de las telecomunicaciones.
Las acciones de Nokia subieron un 21%, su mayor subida desde 2013. Huang calificó el acuerdo de "bastante genial", diciendo que era hora de construir redes de telecomunicaciones estadounidenses con tecnología estadounidense, una clara referencia a la larga retirada de los equipos de Huawei en las redes estadounidenses.
Sin embargo, los analistas de Bloomberg observan un cierto déjà vu: estos acuerdos "circulares", en los que Nvidia invierte en empresas que luego compran sus chips, recuerdan a los juegos de valoración de la era de las puntocom. Además de Nokia, Nvidia ha invertido miles de millones en OpenAI, Wayve, Oxa, Revolut, PolyAI y una empresa conjunta de centros de datos con Deutsche Telekom. La compañía está construyendo un ecosistema de sus propios clientes: empresas que compran hardware de Nvidia con dinero proporcionado en parte por la propia Nvidia.
En la actualidad, Nvidia es más que un fabricante de hardware. Es la empresa que define cómo será la inteligencia del futuro. Situada en la frontera entre el silicio físico y el pensamiento digital, ha convertido la computación en una filosofía.
Mientras el mundo debate si el mercado de la IA está sobrecalentado, Jensen Huang sigue subiendo al escenario con su tranquila sonrisa y su chaqueta de cuero, anunciando otro salto adelante. Su misión es sencilla: hacer que la IA sea tan natural para la humanidad como lo fueron en su día la electricidad o Internet. Y parece que funciona: hoy en día, hasta la propia historia de la tecnología se desarrolla en las GPU de Nvidia.