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Pero guardamos todo 🙂.
Mientras algunos países siguen intentando prohibir la minería, otros están deseosos de sacar provecho de ella. Bután, los EAU, Etiopía y otras naciones ya han incorporado oficialmente la minería de Bitcoin a sus programas de infraestructuras. El último en unirse a esta cohorte de criptomonedas ha sido Japón, y parece que la lista no hará más que crecer.
Este artículo ha sido traducido del original. Lea la versión original de nuestro corresponsal aquí.
Japón ha entrado oficialmente en el club de naciones donde la minería de Bitcoin ha alcanzado el nivel estatal. El fabricante chino de hardware Canaan ha anunciado una asociación con una de las mayores compañías eléctricas de Japón, la Tokyo Electric Power Company (TEPCO). El objetivo del proyecto es estudiar la estabilidad de la red eléctrica a través de la minería de Bitcoin, lo que supone la primera iniciativa de minería estatal confirmada públicamente en Japón.
Japón planea utilizar equipos Avalon A1566HA refrigerados por agua capaces de ajustar dinámicamente la carga de la red. De este modo, las granjas de Bitcoin se convierten en equilibradores digitales de la red, ayudando a evitar el derroche de energía durante los periodos de baja demanda.
Canaan señaló que se espera que las operaciones comiencen a finales de 2025, y que la iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para desarrollar sistemas informáticos interactivos en red y energéticamente eficientes. En otras palabras, Japón está transformando la minería de un consumidor de energía en una herramienta de optimización.
Japón no es ni mucho menos el primer país que integra la minería de Bitcoin en su estrategia nacional. Según VanEck Research, al menos otros 10 países ya están minando Bitcoin a través de entidades estatales o respaldadas por el Estado. Los pioneros fueron Bután e Irán, a los que más tarde se unieron El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Etiopía, que ven en la minería una forma de atraer inversiones y aprovechar el exceso de capacidad energética.
En Bután, la minería se ha convertido en parte del programa nacional de gestión de la energía hidroeléctrica: el país utiliza el excedente de capacidad hidroeléctrica para generar ingresos adicionales en Bitcoin. Los EAU y Omán se están centrando en parques industriales para centros de datos, combinando la minería con el desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial. Etiopía se encuentra entre los actores más recientes, donde la minería se lleva a cabo con el apoyo de empresas chinas y sirve como herramienta para ampliar la red eléctrica nacional.
Por supuesto, hay países que prefieren no hacer públicas sus actividades mineras a nivel estatal. Por lo tanto, la lista real de naciones mineras de Bitcoin podría ser significativamente más larga que las estimaciones de VanEck.
Mientras algunos gobiernos convierten la minería en un motor de crecimiento económico, otros siguen viéndola como una amenaza. El ejemplo más destacado es China, que en 2021 prohibió todas las transacciones de criptodivisas y la minería, citando la tensión energética y las preocupaciones ambientales. Desde entonces, la mayoría de los mineros chinos han pasado a la clandestinidad o han trasladado sus equipos a otros países.
Algo similar ocurre en Argelia, Egipto y Bangladesh, donde la minería de criptomonedas también está oficialmente prohibida. Las autoridades justifican las prohibiciones como medidas para proteger la estabilidad financiera y evitar el uso no autorizado de energía. En Kuwait, aunque no existe una prohibición legal formal, las autoridades han estado llevando a cabo redadas a gran escala y clausurando granjas sin licencia, especialmente en medio de la actual escasez de energía.
Incluso en países con fuertes industrias de criptomonedas, la actitud sigue siendo variada. La Unión Europea está estudiando restricciones a la minería Proof-of-Work debido a su huella de carbono, mientras que en Estados Unidos varios estados han impuesto moratorias temporales e impuestos adicionales a los grandes centros de datos.
Aun así, la tendencia mundial es clara. Los gobiernos se están dando cuenta poco a poco de que luchar contra la minería no tiene mucho sentido: es mucho más eficaz aprovechar su potencial. La minería de Bitcoin ya no se limita a producir monedas digitales, sino que se ha convertido en una herramienta para optimizar los sistemas energéticos, impulsar la innovación y atraer inversiones.
La minería permite a los países utilizar el exceso de electricidad, promover el desarrollo de energías renovables y construir la infraestructura digital del futuro. Donde antes se desperdiciaba energía, ahora puede convertirse en un activo fácil de almacenar, transferir y utilizar para el comercio internacional.
Cada nuevo ejemplo -desde Bután hasta Japón- demuestra que la minería puede ser un aliado de la sostenibilidad, no su enemigo, cuando se integra en la estrategia energética de un país. Y a medida que más gobiernos se den cuenta de ello, Bitcoin pasará finalmente de ser una "tecnología controvertida" a un recurso nacional del siglo XXI.