Cómo invierte el Vaticano: del dinero de Mussolini a los índices católicos.

Cómo invierte el Vaticano: del dinero de Mussolini a los índices católicos.
Evolución de las inversiones vaticanas

El Vaticano no es sólo el centro espiritual de 1.400 millones de católicos, sino también un Estado con su propio sistema financiero y activos de inversión. Sus ingresos proceden no sólo de donaciones y turismo, sino también de la gestión de bienes inmuebles y capital. ¿Cuál es el tamaño de esta máquina financiera y dónde invierte exactamente su dinero?

Este artículo ha sido traducido del original. Lea la versión original de nuestro corresponsal aquí.

El Vaticano lanza índices

El Vaticano tiene su propio banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), y es esta institución la que gestiona los activos financieros de la Santa Sede. No se trata de un banco minorista para clientes ordinarios, sino de una estructura al servicio de las instituciones eclesiásticas y que supervisa las inversiones. Recientemente, el IOR introdujo una nueva herramienta: dos índices bursátiles construidos en torno a principios católicos.

Los índices se desarrollaron en colaboración con Morningstar y se denominan Morningstar IOR US Catholic Principles y Morningstar IOR Eurozone Catholic Principles. Cada uno incluye 50 empresas de mediana y gran capitalización. En la versión europea, las mayores participaciones incluyen ASML y Deutsche Telekom; en la versión estadounidense, Meta y Amazon.

El IOR afirma que los índices están diseñados para servir de referencia a la hora de evaluar el rendimiento de las inversiones y elaborar informes. En el futuro, podrían constituir la base de un ETF. Esto supone un paso adelante hacia un modelo de inversión más estructurado y transparente, especialmente en un momento en que el mercado mundial de ETF supera ya los 14 billones de dólares y sigue creciendo.

De dónde viene el dinero del Vaticano

Los nuevos índices son sólo una pequeña parte del sistema financiero del Vaticano. El dinero fluye por dos canales paralelos. Por un lado está la Ciudad del Vaticano como estado físico dentro de Roma, que genera ingresos del turismo: entradas a museos, visitas guiadas, monedas, sellos y recuerdos. Por otro lado está la Santa Sede, centro administrativo y diplomático a través del cual se gestionan las donaciones y las inversiones.

El Banco Vaticano desempeña un papel central en este sistema, junto con otras estructuras, como la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica). La APSA gestiona los bienes inmuebles y la cartera de inversiones, mientras que el IOR presta servicios a las instituciones eclesiásticas y supervisa los flujos financieros. A través de estas entidades, el Vaticano posee fondos en bonos, acciones, depósitos y propiedades, no sólo en Italia sino también en toda Europa.

El Vaticano no hace pública toda su cartera. Sin embargo, las cifras disponibles dan una idea de su magnitud. Según datos de la APSA de 2020, el Vaticano posee más de 5.000 propiedades, principalmente en zonas privilegiadas de Roma, así como en París, Londres, Ginebra y Lausana. Parte de estos inmuebles generan ingresos por alquiler, aunque una parte importante se destina a monasterios, escuelas, hospitales y albergues.

Cómo empezó todo

La historia financiera moderna del Vaticano comenzó el 11 de febrero de 1929, cuando se firmaron los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el gobierno italiano dirigido por Benito Mussolini. En virtud del convenio financiero, el Vaticano recibió 750 millones de liras en efectivo (unos 81 millones de dólares de la época) y otros 1.000 millones de liras en bonos del gobierno italiano que pagaban un 5% de interés. A título comparativo, antes el presupuesto anual del Vaticano sólo ascendía a 1 ó 2 millones de dólares.

El capital se confió a Bernardino Nogara, un financiero con experiencia internacional. Aceptó el cargo con una condición: ninguna restricción moral a las inversiones. Actuó con decisión y pragmatismo. Durante el crack bursátil estadounidense de 1929, Nogara compró acciones de IBM, General Motors, RCA y otras grandes empresas a precios extremadamente bajos. Esas acciones subieron más tarde durante la Segunda Guerra Mundial y el boom económico de la posguerra.

En diez años, los activos del Vaticano aumentaron aproximadamente un 2.000%. Nogara diversificó sus participaciones en dólares estadounidenses, protegiendo el capital cuando la lira italiana se depreció bruscamente durante la guerra. Más tarde, el Vaticano invirtió en el holding industrial italiano IRI, que controlaba empresas como Alfa Romeo y Alitalia, y se expandió fuertemente en el sector inmobiliario a través de la Società Generale Immobiliare. En ese momento, el Vaticano pasó de ser un centro religioso compensado por el Estado a convertirse en uno de los mayores inversores de Italia.

De la libertad de acción a las normas éticas

Durante décadas, las inversiones del Vaticano siguieron una lógica simple: preservar y aumentar el capital manteniendo los detalles de la cartera fuera de la vista del público. Esa discreción ayudó a generar beneficios, pero acabó convirtiéndose en un punto débil. A menor transparencia y supervisión, mayor riesgo de errores, comisiones infladas y abusos. Con el tiempo, esto dañó la reputación de la Santa Sede.

En las décadas de 2000 y 2010, el Vaticano se vio envuelto en varios escándalos importantes. Un ejemplo fue el caso del expresidente del Banco Vaticano Angelo Caloia, que en 2021 fue condenado a nueve años de prisión por blanqueo de dinero y malversación de fondos relacionados con negocios inmobiliarios por valor de unos 57 millones de euros. Otra fue la operación inmobiliaria de Londres de 2013-2014, en la que se asignaron unos 350 millones de euros a través de la Secretaría de Estado del Vaticano para una compra inmobiliaria que más tarde supuso una pérdida de unos 140 millones de euros tras la venta. En 2023, el cardenal Angelo Becciu recibió una condena de 5,5 años en relación con ese caso.

Tras estos acontecimientos, el Vaticano cambió públicamente sus reglas. En septiembre de 2022, entró en vigor una nueva política de inversiones. Se prohibió a los departamentos tener cuentas de inversión y participaciones en bancos extranjeros: todos los activos deben concentrarse ahora en el Banco Vaticano, bajo la supervisión de APSA. También se creó un comité de supervisión de inversiones éticas para garantizar el cumplimiento de los nuevos principios.

El Vaticano se comprometió a hacer las inversiones más transparentes y orientadas al valor. Prohibió oficialmente las inversiones en fondos relacionados con la pornografía, el juego, las industrias armamentística y de defensa, el aborto, la anticoncepción y la investigación con células madre embrionarias. Se desaconsejan las estrategias especulativas, como los productos estructurados complejos, las ventas en corto y las operaciones intradía. Se da prioridad a las empresas con una gobernanza transparente, códigos éticos y una gestión responsable.

¿Qué éxito ha tenido la nueva política? Según el último informe público correspondiente a 2024, la Santa Sede registró un superávit de 1,6 millones de euros tras el déficit de 51,2 millones del año anterior, su primer superávit en dos años. Los ingresos por inversiones aumentaron hasta los 75 millones de euros, pero los responsables vaticanos señalaron que parte de este incremento se debió a una reestructuración puntual de la cartera, y es posible que este rendimiento no se repita fácilmente.

Estabilidad en lugar de superbeneficios

En la actualidad, el Vaticano parece un inversor que ha cambiado fundamentalmente de prioridades. Antes se trataba de obtener rendimientos discretamente; ahora se hace hincapié en obtener rendimientos que puedan justificarse mediante normas e informes. De ahí los nuevos índices, la centralización de activos y las estrictas restricciones sectoriales. Las cifras sugieren que el sistema se ha vuelto más estable.

Pero este modelo tiene un coste. La era del crecimiento agresivo del capital y los rendimientos extraordinarios parece haber terminado. Incluso el aumento de los ingresos en 2024 es descrito por el propio Vaticano como un efecto "puntual". La cuestión clave para los próximos años ya no es cuánto puede ganar el Vaticano, sino si puede generar rendimientos constantes dentro de su nuevo marco ético.

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