Vietnam avanza hacia la legalización de las criptomonedas

Vietnam avanza hacia la legalización de las criptomonedas
Criptomonedas en Vietnam: del caos a la regulación

Hace apenas unos años, Vietnam era considerado uno de los países más duros en lo que respecta a las criptodivisas. En 2017, el gobierno restringió su uso como medio de pago y prohibió explícitamente a los bancos gestionar transacciones en Bitcoin o Ethereum. Sin embargo, a pesar de estas restricciones, las criptodivisas penetraron silenciosamente en la vida financiera de los vietnamitas. Para la generación más joven, se convirtió en una nueva forma de ganar dinero; para los empresarios, en una oportunidad de entrar en el mercado global; y para los pequeños inversores, en una oportunidad de proteger los ahorros de la inflación.

Este artículo ha sido traducido del original. Lea la versión original de nuestro corresponsal aquí.

Y para 2025, Vietnam emergió inesperadamente como uno de los líderes mundiales en la adopción de criptomonedas, ocupando el cuarto lugar en el índice Chainalysis. Un país que nunca había reconocido oficialmente las criptodivisas estaba, de hecho, viviendo de ellas. Esta paradoja obligó al Gobierno a replantearse su política.

La zona gris y los primeros signos de cambio

Durante años, las criptomonedas permanecieron formalmente en el limbo. En esta zona gris surgió toda una industria: mineros, comerciantes, brokers locales, startups. La gente compraba monedas en bolsas internacionales, creaba sus propias comunidades y desarrollaba proyectos de blockchain. El Estado, sin embargo, sólo emitía advertencias sobre estafas y riesgos, evitando cualquier decisión clara.

La primera señal real llegó a principios de la década de 2020, cuando el primer ministro ordenó la creación de un grupo de trabajo para estudiar los activos digitales. Aún no era luz verde, pero demostraba que el Gobierno no mantendría los ojos cerrados para siempre. Poco a poco, los responsables políticos empezaron a darse cuenta: es mejor dar al mercado reglas claras que dejar que se desarrolle en la sombra.

La ley de la industria digital y el proyecto piloto de comercio: un punto de inflexión en 2025

El verdadero avance se produjo en 2025. En junio, la Asamblea Nacional aprobó la Ley de la Industria Digital, que por primera vez reconoce los criptoactivos como una clase diferenciada. Entrará en vigor el 1 de enero de 2026 y sentará las bases jurídicas para las bolsas, los fondos de inversión y las empresas emergentes. Por primera vez, la legislación vietnamita introdujo los conceptos de activos digitales, comercio con licencia y responsabilidad de los operadores.

Menos de tres meses después, el Gobierno puso en marcha un programa piloto de cinco años para el comercio de criptomonedas. Sus condiciones mostraban lo decidido que estaba el Estado a controlar el proceso. Las organizaciones que deseen gestionar bolsas deben cumplir requisitos muy estrictos. El capital mínimo es de 10 billones de dong (≈ 379 millones de dólares). Al menos el 65% debe proceder de organizaciones, y más del 35% debe estar en manos de al menos dos instituciones: bancos, empresas de corretaje, compañías de seguros o empresas tecnológicas. La participación extranjera está limitada al 49%.

Control en lugar de anarquía

Los requisitos no sólo se aplican al dinero, sino también a las personas. El director general debe tener al menos dos años de experiencia relevante, mientras que al director de tecnología se le exigen cinco. Cada empresa debe emplear al menos a 10 personas en funciones tecnológicas con formación certificada en ciberseguridad y a otras 10 con certificados de prácticas de valores. Antes de su lanzamiento, el propio sistema informático debe cumplir las normas de seguridad de la información de nivel 4.

La emisión de tokens está igual de regulada. Los tokens deben estar respaldados por activos reales -como bienes inmuebles o materias primas, pero no moneda fiduciaria ni valores- y las ofertas sólo pueden dirigirse a inversores extranjeros. Al menos 15 días antes del lanzamiento, los emisores deben publicar una hoja de ruta y todos los documentos justificativos.

Los proveedores autorizados pueden organizar mercados de negociación, ofrecer servicios de custodia, emitir tokens e incluso negociar por cuenta propia. Sin embargo, todo esto debe funcionar dentro de estrictos procedimientos de gestión de riesgos: supervisión de depósitos y activos, procesos de pago transparentes, controles de ALD y CFT, y vigilancia de la posible financiación de armas de destrucción masiva. La resolución también exige auditorías internas, seguimiento de las transacciones, sistemas de gestión de conflictos de intereses y reclamaciones de los clientes, así como procedimientos de indemnización.

En cuanto al mercado nacional, se permitirá a los ciudadanos abrir cuentas en plataformas autorizadas para comprar y vender legalmente criptoactivos. Pero seis meses después de que el primer proveedor autorizado comience a operar, cualquier operación fuera de los canales oficiales será tratada como una infracción, castigada con multas administrativas o incluso acciones penales, dependiendo de la gravedad.

Estas estrictas normas tienen un objetivo claro. Las autoridades quieren evitar un escenario de "salvaje oeste" en el que las bolsas surjan sin garantías y los inversores queden desprotegidos. Para Vietnam, un país que ya ha visto su ración de estafas en el pasado, se trata de una cuestión de confianza política.

Al mismo tiempo, estas condiciones corren el riesgo de ahogar la innovación. Las empresas señalan que el requisito de capital de 10 billones de dong excluye a casi todos los empresarios locales, dejando el campo libre sólo a los grandes actores financieros. Y el límite del 49% de la propiedad extranjera podría desalentar las entradas de capital internacional. El resultado es una paradoja: Vietnam quiere convertirse en un centro de criptomonedas, pero está construyendo un muro de entrada que puede ser demasiado alto.

La dimensión social: La criptomoneda como vida cotidiana

A pesar de todos los debates, el motor del proceso no es la política, sino las personas. Se calcula que más del 21% de la población vietnamita posee criptoactivos. Para algunos, es una inversión; para otros, una forma de eludir las restricciones monetarias; y para muchos, una oportunidad de conectar con la economía digital global. Aquí, la criptomoneda hace tiempo que dejó de ser una "moda para unos pocos" y se ha convertido en parte de la vida cotidiana.

Esta demanda masiva empujó al Gobierno a cambiar su retórica. En lugar de prohibir, el Estado decidió que es mejor gestionar el proceso que perder ante él. De hecho, fueron los ciudadanos vietnamitas de a pie, y no los funcionarios, quienes se convirtieron en el verdadero motor de la legalización.

La nueva ley que reconoce oficialmente los criptoactivos, combinada con el programa piloto de cinco años de criptocomercio, marca el comienzo de una nueva era para el país. ¿Se convertirá Vietnam en un nuevo centro Web3 en el Sudeste Asiático, o quedará empantanado en su propia burocracia? Una cosa ya está clara: se acabó la "zona gris".Vietnam, que antes ignoraba la criptodivisa, apuesta ahora por ella. Y si se encuentra el equilibrio entre control e innovación, el país tiene posibilidades reales de convertirse en un modelo para toda la región.

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