Euskadi afronta una presión creciente sobre empleo y pensiones por el envejecimiento demográfico

Euskadi afronta una presión creciente sobre empleo y pensiones por el envejecimiento demográfico
Presión laboral en Euskadi

El envejecimiento de la población se consolida como una tendencia estructural en Europa y avanza con más intensidad en Euskadi, donde la edad media ya supera los 46 años. Aunque las proyecciones apuntan a un leve crecimiento de habitantes hasta mediados de siglo, ese aumento depende del saldo migratorio y no corrige la reducción prevista de la población en edad de trabajar.

Destacados

  • En Euskadi, casi una de cada cuatro personas tiene más de 65 años y la baja natalidad anticipa una disminución de la población activa hasta 2025.
  • El envejecimiento demográfico genera escasez de trabajadores cualificados, competencia por el talento y presiona al alza los salarios en sectores clave de la economía vasca.
  • Aumenta la presión fiscal en Euskadi al requerir más gasto sociosanitario y pensiones, mientras baja el peso relativo de la población activa que financia el sistema público.

Datos demográficos y proyecciones para Euskadi

Según la publicación Demography of Europe 2026, de Eurostat, y las últimas proyecciones del Eustat, la Unión Europea atraviesa una transformación demográfica marcada por el aumento de la edad media, la baja natalidad y un saldo natural negativo sostenido desde hace más de una década. En Europa, la edad media pasa de 39,6 años en 2005 a 44,9 años en 2025, mientras más del 22% de la población supera los 65 años y la fertilidad se sitúa en 1,34 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo generacional.

En Euskadi, la tendencia es más acusada. Casi una de cada cuatro personas residentes tiene más de 65 años y la estructura demográfica futura apunta a una menor presencia de personas entre 20 y 64 años, al tiempo que aumenta el peso relativo de la población jubilada y dependiente. Ese cambio condiciona la capacidad productiva, el crecimiento potencial y la sostenibilidad financiera del modelo social.

El texto también sitúa este fenómeno dentro de una dinámica más amplia en las economías avanzadas. Esta misma semana, Financial Times publica que en 2025 Inglaterra y Gales registran el menor número de nacimientos desde 1977, con una fertilidad de 1,39 hijos por mujer, un dato que refuerza la idea de que la debilidad demográfica deja de ser un fenómeno aislado para convertirse en un rasgo estructural.

Impacto sobre mercado laboral, empresas y gasto público

La economía vasca necesita durante las próximas décadas ingenieros, técnicos industriales, especialistas digitales, profesionales sanitarios y expertos energéticos para afrontar el relevo generacional en miles de pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, la menor cantera demográfica anticipa más competencia por el talento, mayores dificultades de contratación, presión al alza sobre los salarios y riesgo de escasez estructural en determinados perfiles.

El envejecimiento también eleva el reto fiscal. Una sociedad con más población mayor implica más gasto sociosanitario, mayor dependencia y más presión sobre el sistema de pensiones, mientras pierde peso relativo la población activa que financia esos sistemas mediante impuestos y cotizaciones. En paralelo, muchas empresas deben gestionar de forma simultánea el relevo en la propiedad y en las plantillas, en un contexto en el que ya aparecen dificultades para encontrar sucesión empresarial y personal técnico cualificado.

Además, la transformación demográfica modifica el patrón de consumo y las prioridades del gasto público. Una población más envejecida demanda más servicios sanitarios, asistencia social, cuidados, accesibilidad y tecnología aplicada al apoyo personal, lo que desplaza recursos y obliga a adaptar la estructura económica a una sociedad de mayor longevidad.

En nuestra publicación previa analizamos el aumento de la dependencia de la Seguridad Social de las transferencias del Estado para sostener el pago de las pensiones a comienzos de 2026, pese al récord de afiliación. También señalamos que el crecimiento del gasto en pensiones y el trasfondo demográfico mantienen una brecha estructural que limita la eficacia de medidas transitorias y reabre el debate sobre reformas ligadas a esperanza de vida y mercado laboral.

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