El último informe del Banco de España señala que la afiliación a la Seguridad Social mantiene una senda de avance, pero a un ritmo más débil en los próximos dos años, en un contexto marcado por la tensión internacional, el repunte de la inflación y una expansión económica menos intensa. La institución proyecta un crecimiento del empleo del 2,2% en 2026 y del 1,3% en 2027, lo que limita una bajada más clara de la tasa de paro desde el nivel superior al 10% con el que cerró 2025.
Destacados
- El Banco de España prevé que el crecimiento del empleo en 2027 caiga por debajo del 2%, su menor ritmo desde la pandemia.
- Las horas trabajadas aumentarán un 2,2% en 2026 y un 1,2% en 2027, estrechando la brecha frente al número de ocupados por bajas, parcialidad y convenios.
- La inflación podría alcanzar el 6% anual en escenarios adversos por el conflicto en Irán, mientras que los nuevos convenios incluyen subidas salariales medias del 3,2%.
Previsiones laborales para 2026 y 2027
El supervisor explica que la creación de empleo se desacelera desde noviembre y que esa tendencia continúa durante el horizonte de previsión. Aunque la estimación para 2026 mejora frente a la manejada en diciembre, el escenario central contempla una pérdida de impulso de la actividad por el conflicto en Oriente Próximo. De cumplirse la proyección para 2027, sería el primer ejercicio desde la pandemia en el que el aumento del número de trabajadores queda por debajo del 2%.
El informe también prevé una evolución similar en las horas trabajadas, con un alza del 2,2% en 2026 y del 1,2% en 2027. Esa trayectoria reduce la brecha observada en los últimos años entre el crecimiento del número de ocupados y el avance efectivo del tiempo trabajado. El Banco de España venía utilizando esta variable como referencia principal en sus proyecciones de empleo antes de 2024.
Absentismo, parcialidad y productividad del mercado laboral
El texto vincula parte de esa divergencia al aumento de las bajas por incapacidad temporal desde la pandemia. Según la Encuesta de Población Activa citada en la información, más de un millón de trabajadores señalaron en el cuarto trimestre de 2025 la enfermedad, accidente o incapacidad temporal como motivo para no haber trabajado en la semana de referencia. A ello se suman las vacaciones, permisos retribuidos y otras ausencias justificadas que amplían el tiempo fuera de la actividad.
El peso de los contratos parciales y de los fijos discontinuos también condiciona el avance de las horas trabajadas, especialmente en sectores con mayor presencia femenina. El artículo apunta además a que varios convenios reducen ligeramente la jornada máxima media, ya alejada de las 40 horas semanales. Los economistas suelen identificar estos factores como un freno para la productividad por trabajador, aunque la productividad por hora muestra una mejora más moderada.
Inflación y presión salarial en los convenios
El Banco de España sitúa la inflación entre los principales riesgos a corto plazo y advierte de que la guerra en Irán puede trasladarse con rapidez a los precios. Su escenario central recoge un crecimiento medio del 3,3% este año, mientras que los supuestos más adversos elevan el IPC interanual hasta cerca del 6%. En paralelo, la dificultad para cubrir vacantes pese al elevado desempleo mantiene tensiones en el mercado laboral.
La institución anticipa por ello presiones salariales elevadas en los convenios de nueva firma durante los próximos trimestres. Por ahora solo se han firmado 28 acuerdos al inicio del año, con una subida media del 3,2%, una muestra que el propio organismo considera todavía limitada para evaluar la negociación salarial de 2026. La ausencia de una renovación del V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva deja además a empresas y sindicatos sin una referencia común para pactar futuras alzas salariales.
En nuestra publicación ya informamos de que los fondos de inversión españoles cerraron marzo con reembolsos netos, poniendo fin a una racha de 64 meses de entradas, en un contexto de mayor incertidumbre por el conflicto en Irán. El análisis explicaba qué categorías concentraron las salidas, el papel de la gestión discrecional para contener movimientos más bruscos y el riesgo de que la tensión se traslade a energía e inflación, con efectos sobre carteras y expectativas de tipos.
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