España afronta riesgos para su crecimiento por el frenazo exportador y mayor peso del consumo interno
Tras varios años de expansión apoyada en el sector exterior, la economía española empieza a mostrar un cambio de patrón en el que el consumo, el turismo y la actividad inmobiliaria ganan protagonismo. Ese giro coincide con una menor aportación de las exportaciones al PIB y reabre el debate sobre la sostenibilidad del modelo de crecimiento.
Destacados
- Las exportaciones españolas bajan de 396.840 millones de euros en 2024 a 394.362 millones en 2025, mostrando señal de estancamiento y contribución negativa al PIB.
- El coste de transporte Asia-Europa sube entre 25% y 38% en el primer trimestre de 2026, afectando especialmente a sectores clave como energía refinada, automoción y química en España.
- Las exportaciones españolas a U.S. caen 8% en 2025 hasta 16.716 millones de euros, lastradas por aranceles del 10% al 25% y desaceleración en Francia y Alemania.
El cambio del motor económico
Según publica elEconomista.es, el sector exterior ha dejado de sostener el crecimiento español con la misma intensidad que en los años posteriores a la crisis financiera y la pandemia. Las exportaciones de bienes y servicios representan cerca del 37,1% del PIB, con una facturación de 393.000 millones de euros en 2025, pero la trayectoria reciente apunta a una estabilización tras el fuerte avance de la última década.Después de alcanzar 394.895 millones de euros en 2022, las ventas exteriores subieron a 396.840 millones en 2024 y bajaron a 394.362 millones en 2025, pese al efecto de la inflación. Aunque el nivel sigue muy por encima de los 298.896 millones de 2019, varios economistas ven señales de frenazo en un componente que había permitido a España crecer con empleo, inflación contenida y superávit por cuenta corriente.
Silvia Banchini, cofundadora de inAtlas, afirma que el sector exterior registra una contribución negativa al PIB tanto en 2025 como en las previsiones de 2026 del Banco de España y la Cámara de Comercio. A su juicio, un crecimiento apoyado casi en exclusiva en la demanda interna consume muchos recursos, genera poca producción adicional y puede desembocar en pérdida de competitividad, mayor dependencia financiera exterior y desequilibrios similares a los de ciclos anteriores.
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística refuerzan esa señal. En el primer trimestre del año, la economía se desacelera y las exportaciones de bienes y servicios presentan una tasa intertrimestral del -0,5%, 1,2 puntos menos que en el cuarto trimestre de 2025, mientras persiste un diferencial de inflación positivo frente a Europa y los costes laborales unitarios crecen por encima de la media de la zona euro.
Presiones externas y vulnerabilidades estructurales
El deterioro del entorno comercial se combina con factores geopolíticos y estructurales. La guerra de Irán altera rutas logísticas mundiales cuando las navieras aún tratan de reajustarse tras dos años de desvíos por el Canal de Suez, y el sobrecoste de una embarcación Asia-Europa aumenta entre un 25% y un 38% en el primer trimestre de 2026, según los datos citados por inAtlas.Ese impacto pesa especialmente sobre España por su papel en energía refinada y por su dependencia del crudo importado. Banchini señala además que sectores como el químico, el cerámico, la automoción y el agroalimentario buscan nuevas rutas y proveedores, mientras el 61% de los exportadores encuestados por el Banco de España reconoce trastornos logísticos relevantes que complican la planificación de costes y suministros.
A esa presión se suman los aranceles de U.S., con un gravamen general del 10% y del 25% sobre acero, aluminio y automóviles. Las exportaciones españolas a U.S. caen un 8% en 2025, hasta 16.716 millones de euros, y el efecto se amplifica por la desaceleración en Francia y Alemania, los dos principales mercados de destino de España.
La experta sostiene que la comparación con el ciclo 1999-2007 merece atención, aunque hoy existen diferencias importantes, como una menor expansión crediticia y una mayor internacionalización empresarial. Aun así, advierte de que, sin más inversión en tecnología, digitalización e I+D, la erosión competitiva puede intensificarse; la OCDE sitúa esa brecha como la principal vulnerabilidad estructural de España, con un gasto en I+D del 1,4% del PIB frente al 2,2% de la media de la organización.
En nuestra publicación anterior sobre las previsiones de Coface para la economía española, señalamos que España podría mantener un crecimiento superior al europeo en 2026-2027 apoyado sobre todo en el turismo, el consumo de los hogares y el impulso de los fondos europeos. También advertimos de que ese soporte aún no se traduce en un avance claro de la productividad ni en un despegue de la industria de mayor valor añadido, por lo que persisten límites estructurales ligados a la inversión y la I+D+i.
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